Creo que es fundamental no olvidar nuestras raíces. No creo en las casualidades, por lo tanto, tampoco creo que nuestras raíces lo sean.

Después de descubrir el impacto que ha provocado África en mí, doy por seguro que no son casuales nuestro lugar de nacimiento, nuestro origen, la familia en la que nacemos y crecemos, así como tampoco lo son nuestros pasos, nuestros errores y metas personales.

Mi palabra favorita es MAKTUB (ya está escrito). Creo firmemente que nuestro destino ya está escrito, que se nos asigna al nacer, pero no conseguimos descifrarlo hasta que nos vamos descubriendo a nosotros mismos.

Un destino que no conocemos premeditadamente, pero sí vamos conociendo a partir de las pistas que la vida misma nos va dejando al descubierto a lo largo de nuestro camino.

Supe leer mi primera señal, con 13 años en el verano de 2003, cuando mi familia me llevó por primera vez a mi país natal, Senegal, después de haberlo abandonado a los 2 años.

No podía imaginarme para entonces lo que me iba a marcar ese primer viaje, ese primer contacto con mis raíces.

Me acuerdo de que sentía miedo. Empecé a tener una sensación desagradable que me desgarraba por dentro cada vez que escuchaba a mi padre hablar del supuesto viaje de verano.

Oír eso me producía un reconcomio que me bloqueaba, una inseguridad molesta que desapareció a mi llegada al ahora antiguo aeropuerto de Dakar, Léopold Sédar Senghor (nombre del que fue el primer presidente de Senegal).

¡África es increíble! Una vez la descubres te atrapa.

¿Porque sentía miedo? Por los prejuicios que me había inculcado la sociedad a lo largo de mi infancia.

¿Qué es lo primero que nos viene a la mente cuando escuchamos la palabra África?

Lo que nos muestran los medios de comunicación: Pobreza, hambruna, el sufrimiento de los niños, enfermedades, guerras…Y África es más que eso.

Hablan de ella como si solo se tratara de un país y África es un continente de muchos contrastes con un total de 55 países contando el Sahara, cada uno con sus fortalezas y debilidades.

ANÉCDOTA:

Me quede atónita y es gracioso, porque se generaliza muchísimo la imagen de África… Aunque no los culpo, es lo que nos enseñan con respecto a África y consiguieron que yo también cayera en la trampa. Nunca nos muestran el África vanguardista en proceso de evolución.

SE ACERCABA LA FECHA…

Cuando mi padre nos comentó acerca de viajar a Senegal durante el período vacacional en verano del 2003, lo único que me venía en mente era que íbamos a aterrizar en medio de la sabana. 

Rodeados de casitas sencillas, animales salvajes y observando constantemente niños enfermos con moscas recorriendo sus rostros.

Antes de partir hacia el aeropuerto, mi padre me dijo algo que recuerdo y recordaré todos los días de mi vida.

Oumou estate tranquila, estoy seguro de que necesitas descubrir Senegal y cuando lo hagas te gustara tanto que te aportará muchas cosas buenas” Woowwww… Dio en el clavo…Volví fascinada de Senegal.

Descubrí la teranga, palabra que en nuestro dialecto hace referencia a la palabra hospitalidad…. Y es que Senegal se caracteriza por la hospitalidad de su gente.

Es un país vivo donde sus habitantes sonríen y comparten continuamente, independientemente de su nivel socio económico.

Un país hermoso, colorido, diverso, lleno de mezclas y a la vez caótico y desordenado. Un país que se mueve y reinventa todos los días.

A partir de ese primer viaje en familia, fueron surgiendo muchos otros, hasta que al cumplir la mayoría de edad empecé a sentir la necesidad de viajar sola. Es así como he ido conociendo Senegal al detalle, ciudad a ciudad, rincón a rincón.

Viajando en familia descubrí lo esencial y más importante, el alma de Senegal, que ahora me voy a encargar de que la conozcas tú.

Necesitaba descubrir cada lugar a mi ritmo y no perder detalle, algo que cuando viajamos acompañados resulta difícil.

Llegados mis 25 años empecé a sentirme incómoda en muchos aspectos de mi vida. Cada vez que estaba de vuelta a España y empezaba con mi rutina diaria me sentía incompleta y a raíz de ello fueron surgiendo en mí muchas dudas y preguntas que con el tiempo se fueron aclarando y respondiendo por sí solas.

La verdad que el viajar sola durante años es lo que me más me ha ayudado a conocerme realmente y a descubrir qué camino escoger.

Además, por experiencia propia, puedo asegurar que los pensamientos y los sentimientos se fusionan mejor en las personas que viajamos solas. 

Desde muy jovencita siempre simultaneé la condición de empleada y estudiante y desde que empecé a viajar por diferentes países de África y colaborar con Médicos sin Fronteras, empezó a rondar por mi mente crear algún día algo propio y que estuviera relacionado con aportar a África.

En ese momento me dí cuenta de que estaba pasando por un proceso de cambio en mi vida.

No me sentía satisfecha, necesitaba actuar, encontrar ese cambio que me aportaría una vida más feliz y plena.

Un cambio que quitara de mi vida esa sensación de pérdida de libertad y domesticación humana que sufrimos todos los asalariados sea del nivel que sea.

¡HAY VECES EN LA VIDA QUE NOS TOCA APRENDER A FRENAR!

Y esta vez me tocó a mí, así que puse en la balanza todos los aspectos de mi vida que me llenaban y los que no, me propuse recuperar el coraje, dejar a un lado la cobardía y la comodidad que muchas veces nos acecha. Decidí darme un tiempo y renuncié  a mi puesto de trabajo en el Vall D’hebron (Hospital en Barcelona).

Durante ese proceso de mi vida fue cuando conocí la fundación Cocon de Cabrousse.

Se trata de un orfanato en el sur de Senegal, que acoge a 33 niños huérfanos, 16 niños y 16 niñas, con edades que oscilan entre los 5 y 11 años.

El proyecto de la fundación consiste en hacerse cargo de la manutención y escolarización de los niños hasta cumplirse su mayoría de edad.

¿CÓMO DESCUBRÍ EL ORFANATO?

Fue una recomendación de un amigo fotógrafo residente en Senegal. Me paso el enlace de la página y por curiosidad entré a ver de qué se trataba.

Me llamó especialmente la atención el hecho de que la fundación se encontrara en Senegal y exactamente en la región de Casamance (especial para mí porque de aquí son mis abuelos). Eso acabo de despertar mi interés hacia el proyecto.

Acto seguido me puse en contacto con los miembros de la fundación y, con toda la información que me dieron, no dudé un instante en proponerles formar parte del proyecto y aportar mi granito de arena.

Las historias desgarradoras de cada niño me llegaron tan profundamente que el poder contribuir positivamente en sus vidas me parecía un regalo.

Estuve interactuando digitalmente con ellos varios meses hasta que en julio de 2016 decidí adentrarme en Senegal durante 3 meses y así poder conocer personalmente a los niños y convivir con ellos.

Uffff…¡Solo de recordarlo se me pone la piel de gallina!

Pienso en la bienvenida tan emotiva que me prepararon, nuestras escapadas a la playa, nuestras clases de español y francés, esos desayunos matutinos llenos de ternura, las comidas y cenas compartidas, los paseos y las historias bajo los baobabs, sus sonrisas constantes y sus risas, sus sorpresas llenas de inocencia, su ternura y amor desmedido.

¡sobre todo recuerdo ese 26 cumpleaños tan especial que me prepararon que quedará por siempre sellado en mi alma…!

Es curioso… a menudo intentamos cambiar a mejor sus vidas, pero inevitablemente acaban cambiando la nuestra, con solo su sonrisa y ese corazón tan grande que tienen como el mundo.

Ese viaje de 3 meses marcó un antes y después en mi vida en cuanto a experiencias vividas.

Al final de esa experiencia descubrí que se acentuó más mi inclinación hacia el compromiso social.

Digo acentuar, porque desde niña siempre he amado a las personas sin esperar nada a cambio, de una forma profunda. Yo no comparto el pensamiento de poder ayudar o no a los demás.

Considero que somos personas con la oportunidad constante de compartir momentos con otras personas y poder experimentar con ellos esos sentimientos que nos nacen tan bonitos y puros.

Sin necesidad de tener que pensar en lo que vamos a recibir después o si va a haber feedback en ese regalo que de alguna forma decidimos entregar.

Para mí es súper gratificante observar la expresión de alegría en rostros ajenos y ser consciente que he sido o soy la causante de esa felicidad sin apenas esfuerzo.

Simplemente mostrándome tal cual soy y siguiendo en todo momento mis instintos.

Durante todo el tiempo que duró ese viaje estuve meditando muchísimo y observé Senegal con cautela.

Reflexioné sobre lo que me inspiraba, cómo era yo y lo que aportaba en la vida de las personas, juntamente con la satisfacción que me daba demostrar ese amor desmedido por los demás (a conocidos y desconocidos).

De pronto empecé a fijarme en las debilidades y fortalezas de Senegal como país y la huella que este deja en las personas que se aventuran a conocerlo.

Todo esto a raíz de que varios conocidos en España y Francia me empezaron a pedir información y asesoramiento para viajar a Senegal viendo las fotos y las experiencias que compartía en redes.

En esos momentos surgió en mí una conexión que hizo que me llenara de valor. Y empezó a rondar por mi mente la creación de algo que me permitiera ayudar y guiar a personas y viajeros que desearían descubrir el África negra y no lo hacen por miedo a lo desconocido.

Una pequeña empresa enfocada a las personas que quieran viajar de una manera única. Sin necesidad de seguir a una multitud como un rebaño, saboreando el destino sin prisa alguna y ofreciendo un apoyo y asesoramiento que mate por completo ese miedo que invade cuando se escucha la palabra África.

Una agencia destinada a los que preferís crear vínculos con los lugareños a visitar todos los monumentos que aparecen en una guía de viajes.

Ya de vuelta a España me puse manos a la obra… empecé a formarme y trabajar en el proyecto de Senegal a tus Pies, ¡et voilá! Casi 2 años después de ese viaje, ya existe Senegal a tu Pies.

Dicen que si podemos soñarlo es porque podemos hacerlo y lo confirmo. He llegado a la conclusión que la vida es la manifestación de los sueños que ella misma ha escogido para nosotros. Y si nos hace soñarlo es que es para nosotros.

Y hasta aquí llega mi primer post.

¡Espero que te haya gustado y después de leerme entiendas esa conexión y amor que une a esta agencia de viajes con Senegal!

Ahora te invito a la lectura de mi segundo post, Abrazando mis raíces, en el que te relato la creación del logo y en lo que me inspiré junto con el diseñador para conseguirlo.

¡ NOS VEMOS EN EL SIGUIENTE POST !

 

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